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La constancia que construye la excelencia genética

  • Foto del escritor: Manuela Carvajal Ramírez
    Manuela Carvajal Ramírez
  • 29 abr
  • 3 Min. de lectura

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El inicio del camino


En el mundo de la ganadería de cría, donde el tiempo parece moverse a otro ritmo, construir genética de excelencia no es un accidente ni una casualidad. Es una elección consciente, una apuesta a largo plazo que exige algo que no todos están dispuestos a ofrecer: constancia.


Todo comienza con una visión. No basta con soñar con animales sobresalientes; se necesita una determinación firme de trabajar, día tras día, generación tras generación, buscando siempre acercarse a ese ideal. Porque en genética, como en la vida misma, los grandes resultados no llegan de un día para otro: se construyen en silencio, en cada decisión que se toma, en cada pequeño avance que apenas se nota, pero que marca una diferencia profunda.



Cada decisión importa


Apostar por la excelencia genética es entender que cada decisión, por pequeña que parezca, tiene un impacto que se multiplicará en el futuro.


Seleccionar cuidadosamente un toro o una hembra no es simplemente escoger el más grande o el más bonito. Es evaluar temperamento, fertilidad, estructura, líneas de sangre, potencial de transmisión. Es estudiar los pedigríes, analizar las características, pensar más allá del individuo y proyectarlo hacia su descendencia.


Cada servicio, cada cruce, cada elección de manejo, cada detalle en la crianza de un ternero, forma parte de un tejido invisible que sostiene la construcción de un hato sólido y confiable. La genética no se improvisa; se cultiva con una paciencia casi artesanal, respetando los procesos naturales y honrando el trabajo silencioso que se hace en el campo.



La paciencia como aliada


En un mundo que premia la inmediatez, la ganadería enseña otro valor: el tiempo.

Los frutos de un buen trabajo genético no se ven en semanas, ni siquiera en meses. A veces, hacen falta años para confirmar que una línea de sangre es consistente, que un linaje aporta la rusticidad, la producción o la calidad de carne que se buscaba.

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Hay ciclos de espera que sólo entienden quienes caminan junto a los animales: esperar la confirmación de una preñez, la llegada de un ternero, el crecimiento de una novilla, la primera producción de un toro joven. Cada etapa es un voto de confianza al trabajo hecho con criterio y convicción.


La constancia no es sólo no rendirse; es también saber esperar, aprender a leer los signos que el tiempo va dejando, ajustar rumbos cuando es necesario y celebrar los pequeños logros que se esconden entre tanto esfuerzo diario.



Los pequeños logros invisibles


En la construcción genética, hay avances que no se miden en centímetros ni en kilos. Hay logros silenciosos: un parto sin dificultades, una cría con buena habilidad materna, un lote que se comporta de manera uniforme, una mejora sutil pero constante en la eficiencia de conversión.


Esos pequeños triunfos diarios, casi invisibles para quien mira desde afuera, son en realidad los pilares sobre los cuales se edifica un hato superior. Porque en la genética, como en el arte, la perfección está hecha de detalles.


Y aunque no todos los días son brillantes, aunque hay pérdidas, frustraciones y momentos de duda, quien persiste y mantiene el rumbo sabe que está sembrando algo más grande que sí mismo.



Un legado que trasciende

Primera feria nacional con participación de Ganadería San Ángel (2023). Momento en que se posiciona Campeona Intermedia Hembra Angus el ejemplar San Ángel 2310.
Primera feria nacional con participación de Ganadería San Ángel (2023). Momento en que se posiciona Campeona Intermedia Hembra Angus el ejemplar San Ángel 2310.

Trabajar en la construcción genética es un acto de fe en el futuro. Es sembrar hoy sabiendo que la cosecha no será inmediata, pero que cada esfuerzo dejará una huella.


Una genética sólida no sólo mejora un hato: transforma la ganadería, aporta al progreso del sector, y crea animales más adaptados, más eficientes, más nobles. Es un legado que trasciende generaciones, un regalo silencioso que, dentro de muchos años, alguien sabrá reconocer y agradecer.


La excelencia genética no se improvisa: se forja día tras día, decisión tras decisión, paso a paso, con paciencia, con criterio y, sobre todo, con una constancia inquebrantable.

 
 
 

2 comentarios


Invitado
30 abr

Es una realidad todo lo que dices y están labrandose un futuro extraordinario. Cómo dices con mucha dedicación y paciencia. Pero los logros llegan cuando menos se piensa.

Felicitaciones. Estamos muy orgullosos de la labor que ustedes están desempeñando

Abrazos


Me gusta
luzanaranjo@gmail.com
30 abr
Contestando a

Qué orgullo

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